domingo, 9 de octubre de 2011

¿ Y ahora qué ?

Un rayo de sol atravesaba la ventana en dirección a su dormitorio. La luz se proyectaba en sus ojos y le obligaba a despertarse. Marcos, había pasado la noche más dura de toda su vida. La oscuridad, lejos de apaciguarle le había inquietado hasta tal punto que llegó a llorar varias veces en silencio. Estaba aparentemente arropado entre sus sábanas, pero la verdad era que no las notaba. Se sentía ingrávido, liviano, como si sólo existiera una voz dentro de él que más tarde reconocería como su pensamiento. De repente, sin quererlo, le vino el recuerdo de un viejo calendario con un día marcado en rojo. Hoy era ese día.

No muy lejos de allí, otro hombre se levantaba a la misma hora exacta pero de forma totalmente diferente. ¿Su nombre? no importa, ¿su profesión? cerrajero. Apagó el despertador, y se dispuso a afrontar, más desganado que nunca, una nueva jornada laboral. La mañana parecía de lo más normal, no obstante marcaría en él un recuerdo imborrable, que trataría de destruir el resto de su vida sin resultado alguno. Se vistió y procedió a marcharse. Su destino, estaba apuntado en una pequeña hoja de papel dentro de su mente. Calle Palmera, número 1.

La casa a la que se dirigía era, a priori, bastante nueva pero no muy grande. Poseía dos angostos dormitorios y dentro de uno de ellos se encontraba él. Marcos buscaba el refugio de la realidad en sus pensamientos, pero desgraciadamente no lo encontraba. De repente, un ruido ensordecedor lo aisló de toda ingravidez posible y lo devolvió a la triste melancolía. Procedía del otro dormitorio. Allí, una mujer ya consumida por los años, trataba de consolar el llanto de un bebé. Ese ruido atronador seguía sonando, sin embargo, Marcos cada vez se encontraba más tranquilo. Al menos, no estaba solo, tenía familia y acompañado las cosas le solían saber mejor. Con muchas más fuerzas, consiguió al fin, despojarse de sus sábanas y saltar de la cama para enfrentarse a la situación. Entonces, sucedió. Una vez más, rememoró lo que estaba ocurriendo, un flashback se proyectó en su cabeza. Hacía ya más de un año que no tenía trabajo y como consecuencia no podía hacer frente a los pagos de su casa. Su familia y él subsistían gracias a la caridad de sus vecinos. Su vida se veía sumida en la más triste monotonía, y no obstante, hoy terminaría todo.<>, pensó,<>. Y justo cuando dejó su mente en blanco, en perfecta armonía, llamaron a la puerta. Sintió que cada vez estaba más cerca de una especie de juicio final. Intuyó que todo se había acabado. Notó que esa era la llamada del adiós.

Al otro lado de la puerta, los viandantes se encontraban perplejos al presenciar aquella situación delante de sus narices, de manera totalmente inesperada. Una comisión judicial, un cerrajero y varios policías aporreaban la puerta cada vez con más fuerza. Contemplaron por un momento la opción de tirar la puerta abajo, pero no hizo falta, justo en ese preciso instante, la puerta se abrió. Un hombre de unos cuarenta años de edad y una mujer con un bebé en brazos salieron sin oponer resistencia alguna. Aún así, algunos viandantes quisieron solidarizarse e intentaron enfrentarse a las autoridades sin conseguir nada a cambio. Ya nada era posible. El cerrajero procuraba cambiar la cerradura en un mar de golpes que finalizó con diez detenidos.

De repente, como por arte de magia, todo se había esfumado, la policía ya se había retirado y la calle se adentraba en el más absoluto silencio. Cuando miraron a su alrededor, vieron casas pero ninguna era la suya. Se sentían vagabundos y se veían sumergidos en la nada. La desdicha se apoderó de ellos y comenzó a dibujarles atisbos de dolor en los ojos convertidos en lágrimas cada vez más acentuadas. Ésto les estaba robando la esperanza de tal modo que una pregunta resonaba en el aire ... ¿ y ahora qué ?
Bueno, pues esta es mi historia de esta semana, espero que les haya gustado, les dejo un enlace de mi blog
http://www.vocesmudas1.blogspot.com/ y nos vemos en el próximo comentario. Au revoir.
Cada día, en España 180 familias se quedan en la calle a causa de los desahucios.

1 comentario:

  1. Muy buen relato Fernando, por desgracia cuesta muy poco imaginarse una situación así ya que la vivimos continuamente en los medios de comunicación o en la piel de nuestros amigos y vecinos. Ojalá que en poco tiempo esto no haya sido más que un mal sueño del que logremos despertar habiendo aprendido la lección para no volver a tropezar en la misma piedra. Un fuerte abrazo y sigue desarrollando esa afición tan enriquecedora como es la escritura.

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